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Ronald Hill Álvarez
hillron@hotmail.com
Nueva
Guinea, RAAS-Jul 15, 2005-El Informe del Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo (PNUD) sobre el Índice de Desarrollo Humano de la
Costa Caribe Nicaragüense ha sido excelente, no solamente por el hecho
que un organismo de prestigio dedica especial atención a este inmenso
territorio, sino porque el mismo ha sido elaborado contando con la activa
participación de los ciudadanos costeños, logrando así expresar su
realidad, sentimientos y visiones sobre el Caribe que sueñan.
El
mismo ha contribuido para que los propios costeños redescubran su
compleja realidad, para que la población del resto del país la conozca y
de igual manera para que las autoridades del gobierno central y sus
instituciones, los partidos políticos, los organismos de cooperación
internacional y las organizaciones no gubernamentales se den cuenta que la
costa caribe es inmensamente rica pero debido al histórico abandono y
marginación presenta esos índices de desarrollo humano inacéptales con
los que nunca se podrá lograr una vida digna de los diferentes grupos étnicos
que cubren su inmenso territorio.
Es
innegable que el caribe nicaragüense da más de lo que recibe. Y no
solamente lo debemos valorar en riqueza material (madera, productos de la
pesca, oro y plata, etc.) porque al sacar cuentas entre ingresos generados
versus las inversiones que se realizan el saldo es rojo. La Costa
contribuye al orgullo nacional y por ella Nicaragua es reconocida en el
mundo como una nación multiétnica y pluricultural sin subvalorar el
aporte de las poblaciones indígenas del pacifico, centro y norte del país
que al igual que los costeños, sufren hoy, después de más de 500 años
y al inicio del siglo XXI, marginación y exclusión.
Definitivamente
Nicaragua tiene una deuda pendiente con la Costa Caribe Nicaragüense y
esta ha sido expuesta en el informe del PNUD. Una deuda que data de más
de 100 años desde la llamada “reincorporación de la mosquitia”,
forzada y violenta. Por décadas los recursos naturales fueron saqueados
por compañias transnacionales que dejaron un territorio agotado y una
población empobrecida, que todavía hoy perdura, porque al igual que ayer,
todavía vemos seudo compañías que continúan explotando esos recursos y
a su gente, mafias de madereros que son verdaderos corruptores de la
burocracia estatal, traficantes de tierras, comerciantes inescrupulosos y
políticos locales que tiene procesos judiciales pendientes por el
mal manejo de la cosa publica. Esta realidad unida a los bajos niveles de
inversión del gobierno central en servicios básicos (salud, educación,
vivienda) infraestructura vial, electricidad, apoyo a la actividad
productiva agropecuaria, apoyo a la pesca artesanal, etc. hace que la
deuda crezca cada vez más y de manera exponencial.
Todos
estos hechos reflejan una realidad difícil de cambiar si consideramos la
situación actual del país. La grave situación que se da entre los
poderes del estado, que ha desembocado en una crisis de gobernabilidad, no
permite ver un futuro promisorio para superar “el problema de la costa”.
La agenda de las Regiones Autónomas del Atlántico requiere de un Estado
donde sus poderes tienen relaciones armónicas, requiere de un poder
ejecutivo que actúa con planes de desarrollo coherentes con las
potencialidades, realidades, costumbres y ambiciones de su población para
poder ser materializados, requiere de un poder legislativo que promulga
leyes en beneficio de la población y no de grupos, requiere de una Ley
Electoral que permite a todos los ciudadanos participar en los procesos
políticos sin exclusión para que la población pueda elegir a sus
mejores representantes, hombres y mujeres, ante los Consejos Regionales
Autónomos, en síntesis, para solventar la deuda con el Caribe se
requiere de una Nicaragua grande, fuerte, ejemplar que vela por toda su
población y no de un grupo de personas que velan por sus propios
intereses agrupados en partidos políticos. Los costeños podemos
contribuir a rehacerla con toda nuestra riqueza.
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